CHOIOLS
La Plata | Buenos Aires | Argentina

MANIFIESTO CHOIOLERO


¿Por qué y para qué didáctica de la astronomía?

 

Hubo tiempos en que la Verdad y la Mentira sobre el cielo estaba en manos de una institución que ostentaba el Poder. La Tierra era el Centro del Universo, morada del Rey de la Creación, y estaba quieta. La causa del movimiento de los astros era el Primer Movil aristotélico, que Santo Tomás identificó con Dios. La materia celeste era perfecta, obviamente diferente de la sublunar, corrompible como nosotros mismos. Discutir estas Verdades era blasfemar. Y un día, esas Verdades fueron cuestionadas.

Tal vez la Tierra sí se movía. Tal vez el Cielo era de la misma materia que la Tierra. Tal vez Júpiter era también centro de movimientos. Con un telescopio y paciencia, gente en el margen o directamente fuera del Poder planteó modelos, discutió. Y ese acto fue una puerta que invitó a abrir otras. Ocurrió una Revolución, y no sólo en el sentido Kuhniano: el Clero y la Nobleza fueron reemplazados por la Burguesía al tiempo que Dios era reemplazado por “El Hombre”.

Hoy una nueva Institución se arroga la detentación de la Verdad. Esa institución se hace llamar “Ciencia”, pero lo que de Ciencia llega a las escuelas y los medios de comunicación es tan dogmático como lo de aquella otra, la de la Institución derrocada. ¿Qué diferencia hay entre un niño de hoy que repite que la Tierra gira alrededor del Sol y de su propio eje, y el monje medieval que repetía que la Tierra es el centro del Universo y Dios el Primer Movil? Ambos repiten sin comprender, so pena de ser tratados de ignorantes (o peor) si disienten. Prueba de ello es la enorme cantidad de gente que “descubre” que “en realidad” la Tierra es plana, o está quieta, y patenta su “descubrimiento”, trajina universidades y medios en una obsesión inclaudicable. ¿Están locos? Un poco, puede ser. Pero la forma en que canalizan su locura algo dice de su entorno. Que niños y adultos tienen representaciones salvajemente diferentes de la representación “oficial” está reconocido ampliamente por didactas y pedagogos. Pero la respuesta es con frecuencia el diseño de modos más eficientes para implantar en cada mente el dogma “correcto”.

Creemos que la Didáctica no puede ser un vehículo para hacer aceptar con mayor eficacia una producción de conocimiento ajena. No importa lo razonables o útiles que sean los modelos, serán dogmas si se imponen desde afuera, desde la autoridad. La astronomía es particularmente potente como vehículo de emancipación. Los fenómenos astronómicos son tan conspicuos que no hay quien no repare en ellos, de modo que es facil plantear cuestiones que resulten en genuinos problemas para cualquiera: ¿Es casualidad que la época más fría sea también la época en que los días son más cortos? ¿Cómo es que hay muchas estrellas que parecen moverse en masa y unas pocas que parecen tener movimientos propios? ¿Por qué me sigue la Luna cuando me muevo? ¿Qué pasa con el Sol cuando es de noche? ¿Por qué no es siempre luna llena? Pero una vez instaladas las preguntas, si queremos formar ciudadanos críticos con criterio propio sería un error imponer las respuestas dogmáticas. Una búsqueda de modelos diversos que den cuenta de estos fenómenos es una manera de entrar en los modos de hacer de la Ciencia (la Ciencia real, la que hacen los Científicos, la que es una obra cultural, humana, provisional y falible) y de comprender que no hay Verdades sino representaciones útiles. Si una persona se adueña de esta pieza epistemológica fundamental sabrá que el Sur está para donde él decida colocarlo, será una persona más libre y más sabia.